Tuesday, April 8, 2014

- "Era una mujer que tenía unas botas rojas, siempre la veía entrar y salir de su casa con esas botas.", pausó,
"¿Quién en su sano juicio se compraría botas rojas?" exclamaba mi madre al describir a una de las amantes del vecino.
Podía oler mi niñez saliendo de la cocina. La cuchara de madera golpeando el perol, mientras el sonido me acogía entre memorias.
Era la típica sopa de verano que con el sudor en la frente, hacía la comida mas salada, pero deliciosa.

-"Y luego, una que tenía un carro viejo que jadeaba al arrancar siempre a las 11:00 PM en punto, ni un minuto menos, ni un minuto más", seguía mi madre con sus historias, mientras nos servía la sopa y se sentaba. "Parece que su marido se había ido desde hacía mucho tiempo a tierras lejanas. La pobre mujer se sentía muy sola". Era gracioso cuanto mi madre sabía o inventaba sobre tales mujeres, y a pesar de mi curiosidad, jamás le pregunte.

El día se sentía como un domingo, a pesar de que fuera pleno martes, las calles del pueblo se veían casi dormidas, como cuando uno solo saluda al sol desde la ventana, con las pijamas puestas y el pelo recogido.

La sopa, como siempre, me sabía a vida misma. A pesar del calor, mi cuerpo lo disfrutaba.

Sunday, February 16, 2014

He sat across the table from her, with his white cup of pitch black coffee infront of him, with both of his hands holding the cup tightly, as if though he couldn't feel the burning sensation of that hot coffee touching his palms. He looked at her as though he'd never wanted to see anything else but her eyes, her lips. Although they almost made him gasp for air.
She gently bit her lower lip, while looking down, as if trying to figure out how to express all those things she had been meaning to tell him. It had been so long since they heard each other's true voices, and not the ones in their wondering memories.

She opened her mouth slowly, and then proceeded to nervously laugh, as if she just had had a ridiculous thought cross her mind, as she looked out the big window next to the table. It was sunny and nice out.

"I am fortunate to say that I have people to love me, but somehow you make me feel unloved. I'm a fool. Ain't I?" she finally said.

She looked towards him and shyly looked back out the window.

He thought she looked so lovely with the sun shining on her face, such beautiful creature, perhaps the most beautiful he had ever seen -No, not perhaps, she certainly is- he corrected himself. 

He waited for his heart, soul, brain, or whatever it was that had to be ready to speak, to utter words. It seemed so simple to most people and it was usually a very easy task for him, but she always made him crumble, feel lost like a strained dog or a little boy on his first day of school. He pulled himself together, had a sip of his coffee and finally spoke.

"I wish your feelings were different. I can tell you what I think is true, that even though I am certain of the pain I'd cause to another man, I'd steal you away, and not care at all about doing such thing, as long as I get to fall asleep next to you, and wake up to see you still next to me. But what's the point of you knowing that? What's the point of you knowing how many times a day I think of you, and with closed eyes try to imagine you doing whatever it is you do; sitting in chairs, smiling with your dimples, smoking a cigarette, rolling your eyes, day dreaming, crying, breathing...what's the point? If it's only point is that you know you are constantly in the head of a man in shambles, then be it known". He looked down at his coffee again, locking eyes with her for so long made him weak. He had another sip of his coffee and looked out the window, the day was very nice indeed.

The sound of the laughter of two ladies in another table, who appeared to know every secret in town -it seemed like a friendly town- distracted Abigail from the scenery outside -those colored autumn trees and Leo sitting across made her feel as if nothing in the world could ever go wrong. The women were accompanied by three children, who were running around in the background asking for another scoop of ice cream. "Chocolate, Cookie dough, Melon Dew!" were some of the infinite flavors they screamed out.

They looked at each other once more.

"Please don't say things like that" she said. "Don't say that again".

He felt as if they were further than they seemed to be. She was unreachable. Like the moon. I can't let her notice the effect she has on me, he thought. Stop it. Just stop desiring to touch her, he'd order himself.

She slowly rose from her chair and grazed her fingers on the table towards him. She stopped when she almost reached his hand and looked up "How about we take a walk?". He watched her for a second and got up.

They were walking next to each other.
Some small birds were in the battle of their lives, fighting for a piece of bread covered in dirt, they would chirp away and elegantly dance to some lovely ritual they weren't even aware of.

"I have to leave soon" she said while they walked through the Paths of the Lovers, as once some hopeless romantic had named such -now- pale parks. 
He didn't respond. He didn't want this to end. 
He grabbed a light blue handkerchief from his pocket and held it tight. He tried to slightly lift it to give it to her but failed miserably.


He turned to her and tried to speak, holding the handkerchief as tight as his body would let him, it felt as if his sweaty palm could turn it into dust.

"I must go" she hurried to say, "this was a terrible idea". She started walking the opposite direction, but looked at him one more time "yet beautiful" she said at last. She placed her hand in front of her red lips and gently bit it, and proceeded to walk away.

He watched her leave, like he had done many times before.

He lit a cigarette and looked up at the only yellow tree that was left in the whole wide world. She had left it there for him to make him feel the agony of his loneliness, he thought.

He sat under the tree with himself. But, all of a sudden, it was him who was absent.

Saturday, November 9, 2013

Letargo.

Ayer te vi bajo una tarde lluviosa, refugiándote bajo una caseta de teléfono.
Te veías confundido, viendo de lado a lado cómo si buscases a alguien. Pasaste tu mirada por mi lado pero no me viste. Intenté moverme para que me encontraras con tus ojos, y me sonríeras. 
Cuando finalmente lo hiciste, dejaste tus ojos en los míos y me observaste atentamente, podía ver tus labios moverse y como te mordías el inferior.

Y de pronto, lo vi en tus ojos. Vi el amor que alguna vez sentí pero ahora ya no me movía. Me distraje con la risa de unos niños detrás mío y al ver nuevamente hacia ti, te habías ido.

Me entró una nostalgia que empezaba a consumirme las venas, una nostalgia por tus besos, y por esas mentiras tuyas que te pintaban las mejillas rojas. Era casi hermoso escucharte inventar historias y ver cómo las dibujabas con tus manos.

Empezé a sentir tus dedos sobre mi pecho, y tu lengua abrazandome la piel. Tus palabras danzando sobre mis oídos y tu parla poniendome en letargo infinito.

Tu presencia era cómo un virus, nada más que un virus. Pero como admiraba tu gentileza al decirme barbaridades de tal forma que me convencías de que yo era la equivocada. Era como mis fantasmas susurrarme canciones de cuna.

Y me mantenías en letargo.

Cómo amaba tu fortaleza, tu elocuencia, la manera en que casi flotabas al caminar por las calles, robando miradas incesantes.

Y un día caíste cómo angel rendido a mis pies, ¡Oh, cómo añoraba tal momento!. Me desperté con tus manos acariciando las mías, y te pregunté quien eras. Podía ver tu boca sufrir, tus pensamientos escritos en toda la habitación. ¿Quién eras?.

Me levanté rápidamente cómo si me llamase una diferente luz.

La nostalgia se iba saliendo de mi, cuando apareciste de nuevo bajo la caseta, ya no eras el mismo ser. Finalmente me sonreíste, y yo volví a caminar bajo esa lluvia de una tarde de Noviembre, fría, desconsolada.

Thursday, October 17, 2013

Un día más

Devuelveme mis pensamientos, que habitas mis entrañas como veneno, y mi cuerpo te llama como a tus ausencias que me desvisten entre pasiones inauditas.

Tus miradas me envuelven entre los regazos de mi propia desdicha al sentirte desaparecer de mi boca.

Te siento en mi piel y saboreo tus silencios como insolencias.

Devuelveme mis sentidos, que me vuelvo escombros entre tus desoladas caricias, y me quiebro como raíces secas mientras duermo sobre tu abandono.

Mi corazón se desploma como hojas de otoño ante tus sonrisas y mis deseos de encantar tu paladar con el mío, y dejarme quebrantar por tu sexo.

Devuelveme mi ser, que me entorpezco con tu ternura, y me vuelvo ilusa tanto enorme en mi garganta, con tu encanto pegajoso, tan penetrable.

Devuelveme el alma, que me dejas vagabunda entre tus palabras, que me dejas sin aliento, sin nada.

Devuelvemelo todo, o hazme tuya. 

¡Oh, Hazme tuya, por tan sólo un día más!.

Tuesday, August 20, 2013

Y a la vez tan lejos

Aquello se volvía aún más fuerte.

Desde su banca podía ver los árboles moverse, la brisa acariciaba suavemente su rostro. Eres tú, se que eres tú, pensaba mientras lo sentía tan cerca, mientras que con el ritmo de sus latidos y de sus esperanzas repentinas, todo aquello se volvía aún más fuerte.

Lo sentía en el viento mismo, veía el cielo y estaba ahí, observaba sus zapatos viejos y también lo encontraba en ellos. Se le dificultaba respirar, era como si el universo entero habría colapsado y concentrado su luz, su ardorosa pasión en ella.

Las hojas frías, el encanto del anochecer, la nube gris que se acercaba a tapar las estrellas, todo penetraba en ella como si lo pudiese sentir, como si pudiese estar tan cerca que podía escuchar su respiración. Aquel ser vivía dentro de ella, se había construido un hogar, con una cama y hasta sabanas para arroparse tan dentro. Le aturdía tal sentimiento, la dejaban sin aliento, pasmada a las insignificantes cosas que se sentaban por doquier.

Sus alrededores tomaban su forma, su color, su voz.

Se disolvía entre el recuerdo de sus melodiosas palabras, entre tan exquisitas tentaciones, tan extraño a lo que alguna vez pensó llamar amor.

Eres tú, te siento, amor mío, preguntándose a la vez del paradero de tal sueño.

Pasaban ya los últimos pájaros buscando su lecho, y podía sentir tocar el otro lado del mundo, con sus pies aún pisando el mismo pavimento, se escondía detrás de la fe al pensar que podría palpar sus labios con tan sólo cerrar los ojos, y que necesitando tan sólo un segundo podría volver a nacer sobre ellos y hacerlos suyos.

Y a la vez tan lejos, concibió entre sus fantasías.

Wednesday, August 14, 2013

Bajo la misma Luna

Encendía un cigarrillo lentamente mientras se sentaba en una de las dos sillas que tenía en el balcón, observó la otra silla y rápidamente hacia la ventana al lado de ella.

Eres lo que más deseo en el mundo, pensaba.


Podía imaginar su reflejo tímido, vivo en el vidrio sucio.


Porque soy,
porque no soy.
Porque sin ti no encuentro relatos que contar,
ni poesía que escribir.
Porque contigo me encuentro y me pierdo.

Pero, bajo la misma luna, se alentaba, mientras volteaba su miraba al cielo.


Eran sus palabras lejanas y esporádicas, que la hacían acomodarse entre suspiros.


Quiero sentirte. Quiero tocar tus latidos, dejar que tu aliento me acoja, se tocaba el pecho, inundada en pensamientos casi desesperados, entre impulsos de inventarse alas llenas de cuentos y salir a buscarlo, buscar a quien se encontraba bajo la misma luna. Así de cerca debes encontrarte, se alentaba constantemente.


Veía el humo del cigarrillo escaparse entre anhelos, entre pequeñas confesiones, y un apetito enorme de perderse entre sus caricias.


Dejaste tu imagen, que aspira a extraviarse entre recuerdos, grabada en mi corazón. Sentía su palpitar agravarse. En ese mismo que te robaste, sin preguntarme antes si lo iba a necesitar para otras cosas.


Se detuvo a observar las cenizas sobre su vestido por un momento, sus pensamientos la sumergían en descuidos.


Se levantó rápidamente, sacudiéndose, lanzó el cigarrillo con quien habría compartido su más intimo momento. Con una última mirada a su reflejo, y un último suspiro, caminó hacia su realidad. Habían cosas más importantes que hacer. Pero, bajo la misma luna, se dijo una vez más.




Friday, August 9, 2013

Te Espero

Se quedaba viendo al lado opuesto de su silla, cómo sin respuestas al vacío, a la desesperada melancolía de
lo que no estaba ahí.
Era su razón, no la dejaba pensar más que en ello.
Aquellos ojos penetrantes, tan oscuros cómo la noche, marcaban caminos sin recorrer. ¿Acaso eran tan oscuros que eran capaces de guardar secretos infinitos?
Serían aquellos ojos que quizás jamás vería. Esas manos que la dejaban frías por su ausencia.
¿Quién eres? , se preguntaba.
Se tocaba la punta de los dedos con ellos mismos, y dudaba de su cuerpo, de su piel. Era otra cosa pensante, o un cuerpo caminante, falto de recuerdos y sueños cumplidos.
A veces la duda era más profunda: creo ser invisible a mi propio corazón.

Era un hombre misterioso, sus pasos sin huellas, sin el intento de ser encontrado. Sus años y experiencias lo habían dejado un tanto vulnerable a las cosas inevitables e irónicas de la vida. Con su puño y letra dejaba marcado su sentir, lo que alguna vez fue.
¿Quién soy?, ¿acaso soy?, se preguntaba.
Pensaba amar como nadie, pero lo escondía en lo más profundo de su ser, lo sabía tan solo un papel, tal insignificante papel.

Ella sentía cerrarse al mundo. Nadie parecía llenar esa silla. La incertidumbre la ensordecía vilmente.
No quiero saberte, pensaba, o esperarte más.
Sin embargo, se sentaba sobre la madera vieja como si fuese hogar, no se sentía cómoda en ninguna otra parte que no fuese el ocaso de lo improbable, lo que más añoraba. Empezaba a sentirse pequeñita.

No hay nada que me mueva, se decía el hombre a sí mismo, bajo el atardecer reflejado sobre las hojas de los árboles. Repetiré tu nombre y me dejaré morir con el, las horas y los vientos de otoño, cómo de esos otoños que he querido dar por olvidados, de esos en los que te escuchaba decirme que me amabas, murmuraba.

Sunday, July 28, 2013

Horas

Ése reloj tan incesante.

Se estrujaba la falda. Su cuerpo tan impaciente cómo nubes grises queriendo llover sobre mojado.

Eran sólo las cuatro de la tarde, y el café aún humeaba sobre la mesa de madera.

Tus sombras me persiguen, y aún con ellas deseo hacerte el amor.

Con el paso de segundos se iba dando cuenta que aún con el alma perdida, seguía amando, -- o por lo menos era asi como podria llamarle, al fin y al cabo, quien era ella para saber si tal sentimiento era llamado de aquella manera -- mientras seguía estrujándose la ropa con una mano, y con la otra, un papel violado con pistas, lágrimas, y poco de sarcasmo.

Miró la taza de café, al otro costado de la mesa, el humo parecía morirse lentamente con danzas extrañas y un poco monótonas.
Lo vió levantar la taza con una sonrisa, procedió a tomar de ella, pero luego de ponerla en la mesa, él ya no estaba ahí.

¿Donde te has ido?, pensaba.

Se levantó de la silla, que ya sonaba cómo si pidiese su pensión desde hace épocas que aparentaban eternas. Todo en su casa asemejaba pedir auxilio. Parecían ser parte del vacío tan profundo que no la dejaba dormir.

Cerró las cortinas por si volvía el dolor, no quería que viera que se encontraba en casa, no quería encontrarse con aquello nuevamente. Tocaba su puerta todo el día y no sabía cómo, pero había encontrado la manera de entrar a escondidas en los últimos días, le gritaba que lo dejase pasar, "somos el uno para el otro" le decía.

Observaba el papel en su mano, esperando a que le diera sus respuestas. Estaba lleno de tinta olvidada, y pegado a éste, un rostro con significados graves y una extranjera sensación de poder oler nostalgia. Los rastros de sus expresiones faciales se habían esfumado junto a los deseos de quedarse impregnado en un papel, impregnado con propósitos melancólicos.

Ella observó el reloj una vez más. Apenas las cuatro y cinco. Hacía hace tanto tiempo ya que había establecido una relación estrecha con aquel, que conocía cada detalle de éste. Era un reloj viejo, definitivamente cansado, con lo que ella se aseguraba a si misma que su lucha debía deberse a su necesidad de estar allí, de no dejarla sola entre sus conflictos. Era redondo, con el borde desgastado, agrietado de la parte inferior, cerca del seis, en realidad, con la abertura exactamente a las seis y media. Que ironía la tuya, pensaba, ésta era definitivamente la hora en que él se tomaba su café. Ella declaraba que éste tenía muchas historias que contar, después de todo venía de lejos, creado por manos foráneas.

Los minutos corrían, el sol se escondía como apresurado a iluminar diferentes penas, cerciorándose de hacerle saber que su tiempo se había acabado, que la dejaba finalmente escondida de su propio luzbel, alguna vez tan hermoso, y ahora tan maligno.

El color de las paredes iba cambiando, se tornaban mustias, poco acogedoras.
Las calles se iban desvaneciendo, tanto como su gente. El asfalto se confundía entre la noche, y las huellas llenas de angustias y alegrías que habría dejado la multitud.
El café estaba ya frío. Y las horas pasaban, y pasaban.

Thursday, February 14, 2013

Lo que pienso de tu cuerpo.

Oh! Tu piel, tan sutil, tan exquisita.
Tu sudor se convierte en mi esencia,
mientras siento tu aliento contra mi cuello,
y tus besos enardecen mis entranas.

Tus palabras se vuelven mis confidentes,
tu cuerpo se enreda entre mis piernas,
tus caricias se enternecen sobre mi pecho,
mis dedos se pierden entre tu cabello.

Tu lengua se envuelve entre pasiones,
y me saborea el cuerpo como manjar,
y me estimulas los sentidos,
me provocas entre suspiros.

Y te gimo desde el fondo,
y me haces volar,
y me llevas hasta lo mas profundo de ti.

Y estudias mi interior,
y te vuelves mi santuario,
y tu sudor roza el mio,
y es mi esencia, oh! mi deliciosa esencia.

Tu cuerpo, como amo tu cuerpo contra el mio,
tus respiros,
suspiros,
tu ardor.

Wednesday, December 12, 2012

Rojo Azulado

Y he pasado tantos minutos enamorada del verbo amor, y de lo caliente,
de lo indiscutible. De darte de esos besos que me dejan ciega, me arrullan el oído,
y me esconden los demonios, y los hace realidad. De esos que te hacen un animal,
y otro párrafo sin sentido, con palabras soeces y tiernas, pintadas de ese color rojo, pasión.

Y me vuelvo escombros entre tus caricias.
Y me pinto de rojo.
Y me vuelvo inculta.
Y me dejo enredar.
Y me vuelvo enorme en mi garganta.
Y me vuelvo a pintar de rojo.

Y veo aquella sonrisa, que enardece mis cuerpo,
esa picardía, ironía,
y me siento a su lado al ver y pienso,  recuerdo,
y me pongo en blanco, e inmediatamente en negro,
me transpira la envidia, la nostalgia me envuelve con regazos color azul,
y me trae flores, opacas como tus inventos, tus virtudes tan exquisitas,
tu encanto pegajoso, sólido tan penetrable.

Veo tus cejas fruncirse, me pongo en el centro de ellas
y me quiebro cómo raíces secas, y duermo en tu parla y
me acobijo con sus cantos que me envenenan, que me ofrecen cáncer.
Y tu piel se vuelve roja, y tu aliento un tanto azul.

Mis entranas se desploman cómo hojas de otoño ante tus vanidades,
trago tus miserias como azúcar,
cómo dulces desesperados por ser saboreados,
y encantar con tu paladar el mío, cómo si mi vida empezase con una palabra tuya,
que también pareces digerirla cómo depredador,
te llenas la boca de necedades y supersticiones absurdas llenas de colorete,
de ese color rojo azulado.

Y me entorpece tu ternura.
Y me vuelvo ilusa.
Y me quebranta tu sexo.
Y me vuelvo enorme en mi pecho.
Y me pinto de rojo otra vez. Rojo, tan rojo.

Wednesday, September 12, 2012

Maldito Bosque

Ella saboreaba sus labios queriendo encontrar aquellas cálidas tardes de ayer,
su cabello se enredaba entre el pasto seco,
y sus pasiones se vestían de luto junto a ella.

Recordaba sus zapatos inundados de ilusión y algo de lluvia también,
y el olor a bosques de olvido; de algún momento iluso.
Podía tocar el invierno con sus dedos tan frágiles, tan ajenos.

Sus recuerdos parecían marchitarse con sus pasos,
y al cerrar sus ojos, podía volver a aquella mesa llena de papeles,
poesía,
y un poquito de melancolía.

Sus intentos entumecían sus entrañas,
y dejaba al viento convertirse en su intimidad,
y sus culpas en placeres sin gracia, ni razón.

Se tocaba el rostro para poder sentir sus caricias,
mientras sus huesos crujían,
y se volvía pequeñita al no encontrar aquellas manos que solían gritar la palabra amor.

Aquel invierno la había dejado con una sensación de deseo,
se tocaba el cuerpo y sentía como la abrazaba su soledad.

Al abrir los ojos se encontró con ella misma,
y con un sabor amargo en la lengua.

Sus pasiones empezaban a desvestirse,
y con su desnudez creaban sus propias religiones.

Con el pecho roto,
y un par de esperanzas por revisar,
extendió sus alas,
y emprendió el vuelo hacia aquel bosque iluso,
lleno de momentos de olvido,
donde alguna vez fue ella,
fue él,
fue más que sólo una.

Sunday, August 19, 2012

Lo tengo todo.

Que deliciosa esa envidia tan dulce que siento cada vez que veo labios ajenos tocarse,
y esos abrazos interminables con sus orquestas llenas de sonrisas.
Que exquisito sabor dejas en mi lengua con la ausencia de tus besos,
que dolor tan placentero.
Que mejor dicha que tener el corazon roto, y poder llorar de envidia pura, de pura envidia?
¿Que mas me ofreces, vida mia?, que parece que me lo has dado todo.
¿Que mas tienes por decir,
quebrantar,
gritar,
quitar,
Jugar,
romper,
dañar,
callar,
Fallar,
arrancar?

¿Que más tienes para mí, hermosa vida?

Saturday, August 11, 2012

Después.


Son redes tus mentiras, que se forman en mis ojos hasta dejarme ciega,
y me gritas tus verdades,
y me alientas con falsedades que me escupen en el rostro,
y me sellan los labios,
y me vuelven sorda.

Tus engaños paralizan mi saliva,
me queman el cuerpo,
y me tornan paralítica a tus recuerdos,
y pierdo el tacto,
y desaparecen mis dedos,
mi vientre,
mi alma,
mi todo.

Tus palabras se enredan en mi cabello,
y me dejas muda,
y me dejas sin columna,
sin garganta,
sin sentidos,
y me pones contra la pared,
y me sigues enredando,
y me sigues provocando,
y yo sigo anhelando, respirando.

Rincones de mi corazón.


Mis ojos. Nosé quien eres,
o inclusive, quien soy yo.

Tus ojos. No me veo.
Todo es tan oscuro, tan maligno,
tan frío.

Encuentro pensamientos,
encuentro papel,
son cartas a quien no está ahí,
son simulacros de placer, que no se venden.
Arte sin significado, ni valor.

Ser enmascarado, ser desconocido:
todo es tan oscuro, tan maligno,
tan frío.

Tuesday, July 3, 2012

Una verdad cruda y vulgar.

Vives en mi mente sin pagar renta.
Vives en mi pulmon, y me dejas sin aliento.
Vives en mi saliva, y me excitas, y me excitas.
Vives en mis labios, y eres todo lo que saboreo.
Vives en mis manos, y te toco, y te siento.
Vives en mi clitoris, y me haces cosquillitas.
Vives en mi voz, y eres todo lo que canto.
Vives en mis ojos, y eres todo lo que veo.
Vives en mi olfato, y hueles a amor, a deseo.
Vives en mi ombligo, y te conviertes en el centro de todo.
Vives en mi corazon, y lo declaras tuyo, y te lo robas, 
y lo remodelas, y le destruyes sus paredes, 
y le construyes tuneles, y una cama para ti solo,
lo tomas, lo vendes, lo golpeas,
y lo declaras tuyo y te lo robas,
y le hablas y no le hablas,
y lo amas y no lo amas.
Vives en mi, y me convierto en ti.

Estimado Extrano.

Aquellas cartas no leidas,
las cartas no abiertas,
las cartas en un cuaderno,
las carta en papel amarillo,
cartas sin letras,
cartas sin palabras con sentido,
cartas sin importancia,
cartas que valen la pena,
cartas que pasan por alto.

Palabras ridiculas,
palabras obsenas,
palabras dichas,
palabras que nunca existieron,
palabras que explotan en mi rostro,
en tu rostro, en su rostro.
palabras en una carta,
palabras en una hoja en blanco,
palabras que no son mis palabras,
palabras que no lees,
palabras que no escuchas,
palabras, mis palabras, y mas palabras.

Saturday, May 5, 2012

Asi vivo.

Nada.

No tengo nada,
pero lo tengo todo.

No he hecho nada,
pero lo he hecho casi todo.

Nada.
Solo, nada.
Pero lo quiero todo.


Tuesday, May 1, 2012

Una vez más.

Permiteme tocarte, tan solo una vez.
Dejame sentirte. Tócame.

Cógeme entre tus brazos,
te doy permiso de infiltrar mi cuerpo,
te autorizo a penetrar mis secretos.

Permiteme ser tuya. Sienteme.
Dejame percibir tu sudor como mi propio.
Saborea mi piel. Saboreame.

Cógeme entre tus brazos.
Entregame tu mundo. Cógeme.
Entregame tus misterios, tan solo una vez más.




Mi gente.

Malditos poetas engañados,

malditas calles traviesas,

malditas caras sucias,

malditas noches ensordecedoras,

malditas cordilleras que hacen mi corazón vibrar.


Soy Arte

Soy como tu,
soy como él,
soy nadie mas que un papel.

Soy poeta,
no lo soy.

Soy un perro,
soy un ser.

Soy yo,
y no soy.